Préstamos: expectativa versus realidad

Lo que creés que va a pasar y lo que pasa en realidad cuando necesitás un adelanto de dinero y vas al banco, recurrís a tu empresa o un amigo.

Muchas veces, las expectativas que tenemos sobre algo o alguien no coinciden con la realidad con la que chocamos a la hora de la verdad. En los préstamos de dinero, como en la vida, suele pasar lo mismo: no ocurre lo que esperabas y “te das la cabeza contra la pared” una y otra vez. ¿Te sentís identificado/a con alguna de estas situaciones?

Préstamo de entidad bancaria
Expectativa:
Ir al banco con todos los papeles en regla y obtener el crédito por el que averiguaste en la web. Que sean suficientes los recibos de sueldo juntados, los ingresos mensuales y que sirvan las facturas de servicios y todos los comprobantes que te pidieron cuando te asesoraron. Ir una sola vez, no esperar mucho, y que con eso alcance para conseguir el préstamo deseado. Contar rápidamente con plata en efectivo para hacer lo que necesitás.

Realidad:
El préstamo se pedía a través de una aplicación, pero ya fuiste como 10 veces a la sucursal del banco. Tenés turno, pero igual siempre esperás al menos una hora. Nada es tan simple como dice en la web, ¡siempre falta algo! Los ingresos son bajos, los recibos no sirven, los montos que te otorgan no alcanzan, faltan papeles y más papeles… Andá, volvé, intentá en otro momento, ¡crédito denegado!

Pedido de plata a un amigo
Expectativa:
Llamar a tu amigo/a de toda la vida, que sabe que estás en problemas, y café de por medio contarle que necesitás plata. Escuchar rápidamente un “¡Olvidate, contá conmigo, obvio! Algo tengo y por supuesto que estoy dispuesto a prestarte. Me lo devolvés cuando puedas”. ¡Abrazo, beso y a charlar de otra cosa! Te presta la plata, que esa misma semana consigue rápidamente, y acuerdan -de palabra- cómo y cuándo se la vas a devolver. Alivio total y gratitud infinita a ese hermano del alma.

Realidad:
Nudo en el estómago. Tu amigo/a te conoce y te quiere, pero prestarte plata medio que no… Es decir, no. Te cuesta hablar del tema. Te encontrás a charlar pero no sabés bien cómo decirle que necesitás dinero. No te la hace fácil, pero finalmente se lo pedís. Da mil vueltas, te dice que no tiene, que es complicado, que ahora no puede, que se fija, que sus gastos, etc. Y sí, quizás es cierto y no tiene. Pero el mal momento no te lo quita nadie, ni siquiera la platita, si es que aparece. Ni hablar de cómo te lo reclama si la devolución se atrasa o no llega… ¡Está la amistad en juego y ambos pueden salir perdiendo!

Adelanto de sueldo
Expectativa:
Tenés trabajo, la situación no está fácil pero laburo no falta y vos estás “al pie del cañón” como el primer día. Vas a pedir un adelanto de tu sueldo y te lo otorgan en el momento. Disponés de la plata en el día y resolvés lo que tenías pendiente en pocas horas. Al mes siguiente, te ajustás un poco, pero ya te acomodaste mejor como para aguantar.

Realidad:
Pedís el efectivo, pero te dicen que está todo para atrás, que no hay beneficios para nadie. ¿Adelanto de sueldo? ¡Gracias que se pueden pagar las remuneraciones mensuales!, por poco te gritan. Te vas con la cabeza gacha pensando por qué creíste que sería una buena opción recurrir a tu empresa. Además, llegado el caso de que te adelanten dinero, al mes siguiente te descuentan y cobrás tan poco que no sé si no te hacen un favor diciéndote que no.

Préstamo de Moni
Expectativa:
Descargás la app de Moni y te registrás. Pedís un préstamo, te responden en el momento y te depositan la plata en el acto en tu cuenta bancaria. Todo el proceso en totalmente online, sin trámites ni papeleo, y lleva solo unos minutos. ¡Hacés lo que quieras con el efectivo!

Realidad:
Idem. Lo mismo. Lo que soñaste. Lo que leíste en la web. Lo que creías que iba a pasar. Eso, tal cual. Te otorgan el préstamo personal. Te dan el crédito. Tenés la platita. ¡Decilo como quieras! Pero pedile a Moni: el único sitio donde las expectativas coinciden con la realidad.

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